Luisa Molina: Un legado de amor al prójimo

Luisa Gabriela Molina Terrazas nació el 25 de mayo de 1955 en la ciudad de Uyuni, capital de la provincia Quijarro del departamento de Potosí; falleció en la ciudad La Paz el 30 de mayo de 2021.

AUTOR: LA RAZÓN – POR ADRIÁN PAREDES

Uyuni, tierra mágica que por su encanto cautiva a propios y extraños la vio nacer, Luisa Gabriela Molina Terrazas, conocida como Luisa Molina, se nos fue dejando un legado muy importante para el repertorio musical boliviano”, escribe el comunicador Ramiro Plata para despedirse de su gran amiga.  

Pero en su memoria la cantante es Luchita, a secas, ese ejemplo musical y de vida que luchó contracorriente para hacer carrera en una sociedad que todavía no asimilaba la presencia de mujeres en el escenario.

Y si bien Molina, la mujer, la cantante, la profesora, la madre, libró en vida todas esas luchas, nunca se dio por  vencida y por eso ahora será recordada como la embajadora del folklore nacional. “Una de las mejores y máximas exponentes y voces de Bolivia”, apunta Wilson Molina, fundador del grupo Sin Fronteras.

“La música era su vida. El canto ha sido el amor de mi madre. Uno apasionado, que le da a la gente alegría, regocijo en los corazones y levanta el ánimo”, dice Luis Patricio Pavez, su hijo, con la voz ligeramente llorosa, recién salido de la Asamblea Legislativa Plurinacional de Bolivia de la Cámara de Senadores, donde el 2 de junio la cantante recibió un homenaje póstumo.

“Mi madre fue la embajadora nacional del folklore y ha cruzado océanos llevando el rojo amarillo y verde”, agrega.

Desde niño, Pavez recuerda a una madre cantora, proveniente de una familia muy musical, pero que pese a la fama que alcanzó y a los honores que le rindieron, nunca dejó de enseñarle que lo más importante era respetar y ayudar a los demás. Amar al prójimo y ser humilde, “con los pies sobre la tierra”.

Así también la recuerda Wilson Molina. “Nunca ha buscado un brillo ficticio, de apariencia. Era una artista realmente humilde y sencilla. Su voz, su carisma, su talento y su humanidad han sido lo que han llevado a Luisa Molina a la grandeza”, rememora en su despedida a la cantante que murió el domingo 30 de mayo debido a complicaciones con el COVID-19.

“Su carisma afloraba por su sencillez y su apasionamiento para con la música y, a través de ella, el apasionamiento para con nuestra Bolivia. Cuando tuve el honor de ser el presentador de muchos de sus conciertos, percibía cómo ella nos transportaba a través de cada canción, cómo el escenario se convertía en un lugar mágico desde donde Luisa hacía que el público cante, llore y, sobre todo, se enamore de nuestro país”, rememora el locutor Ramiro Plata, quien a lo largo de su carrera pudo ser testigo del alcance de la voz de Molina y su carismática humildad, sea en radio, televisión y en los propios escenarios donde tanto brilló.

Sea en el Festidanza de Arequipa (1986), o con el grupo femenino Bolivia, Molina siempre supo generar aplauso

‘Luchita, luchadora

“Mi madrecita era un ser humano muy grande de corazón, muy humilde y sencilla, muy devota de su pueblo, su cultura y su canto. Ahora tengo que aprender a vivir sin esa inspiración profunda que era mi madrecita. Pero hay que seguir haciendo música, hay que seguir haciendo arte”, dice Pavez, quien no puede creer que una persona así se haya ido a sus 66 años.

Su hermana y él atraviesan un momento muy difícil con esta pérdida repentina y fulminante, pero a la vez se sorprenden gratamente al ver el legado de su madre reflejado en el cariño de la gente. “Estamos viviendo la cosecha de tanto amor sembrado por mi querida madre”.

“Luchita, luchadora, emprendedora, supo transmitir esos valores a sus retoños, a las generaciones que tuvimos el gusto de escucharla y conocerla. Deja un legado muy profundo y a la vez deja un dolor inexplicable”, agrega Ramiro Plata. “Desde donde te encuentres, Luchita querida, sabemos que seguirás cantándonos”.

Será recordada por su voz y su entrega al acervo boliviano, pero también por su sencillez y su cariño y respeto hacia los demás.

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