¡Uyuni, la Hija Predilecta de Bolivia!

Por Johnny Delgado Mendizábal quien es periodista y cineasta

Se ha hablado mucho de UYUNI, hija Predilecta de Bolivia, pero poco sobre el porqué la homenajearon con ese reconocimiento. Intentaremos dar una aproximación sobre ello y los verdaderos héroes anónimos de este gesto.
Corrían los inicios de julio de 1932 cuando ya Bolivia con Paraguay vivían escaramuzas bélicas con la toma de fortines de uno y otro lado (recordemos que el motivo visible de la disputa era la custodia y posesión del petróleo de la zona) , ya en el país se sentía el sabor amargo de la guerra, llega un 11 de julio, aniversario de Uyuni, como hoy y en vez de hacer el desfile tradicional, el pueblo exige y se reúne en un cabildo abierto donde antes de escuchar a sus autoridades el pueblo, en líneas principales jura defender a Bolivia hasta el último suspiro de vida.

A partir de esa premisa el siguiente 6 de agosto se crea la Liga Patriótica de Mujeres, dónde las uyunenses de acuerdo a sus propias posibilidades entregan todo su patrimonio a los iniciales soldados que iban al frente de batalla.

Cómo siempre los trenes cruzaban Uyuni pasada la media noche, hacia Villazón para luego ingresar al Chaco Boreal por carretera.

Los jóvenes reclutados con mucho frío en el tren recibían el abrazo uyunense: café, pan, queso, lawa, coca, cigarros, vituallas y ropa, la gente se sacaba sus ponchos, sus abrigos y frazadas y entregaban al convoy, para proporcionar a los noveles soldados un poco de calor.

Cada día los trenes al frente de batalla se hacían más frecuentes (Bolivia movilizó 250 mil soldados al Chaco), pero el apoyo de la gente no mermaba, más bien se hacía mayor, como mayor era el esfuerzo de este pueblo, nadie se detenía, menos se cansaba.

En esas circunstancias emerge la figura de una educadora meritoria, doña Mauricia viuda de Arostegui, quien entre otras cosas cede su casa para convertirla en el primer hospital de campaña. Una verdadera pena la actuación de las autoridades que luego de la guerra, ese domicilio lo convirtieran en una unidad educativa, la actual escuela Mauricia viuda de Arostegui, ese inmueble debería haberse preservado como museo, con sus «quirófano» en cuyo centro estaba instalada una mesa de operaciones improvisada en una camilla militar, sus salas de primeros auxilios, salas de terapias, con sus camillas de campaña militares, sus sábanas verdes, sus biombos blancos con una cruz roja al medio, sus cantimploras dónde los enfermos tomaban agua, en fin.

Cómo centro carrilano de Bolivia, Uyuni preparaba raudamente material rodante para continuar llevando soldados a la guerra y pronto los convoyes venían en sentido contrario, Villazón – La Paz en sus interiores con sangre inscribían su presencia guerrera, habían heridos por doquier, no podían trasladarlos hasta las ciudades principales de entonces, La Paz, Oruro, Cochabamba, debían estabilizarlos, cuasi recuperarlos para seguir camino a mejores hospitales . Mutilaciones, serios problemas gastro intestinales (la falta de agua y el intenso calor del Chaco hacía estragos en nuestra tropa), desangramientos y múltiples heridas eran lo cotidiano.

Ese fue el momento de mayor esfuerzo que se coronó como glorioso para Uyuni.

Se tenían que multiplicar las camas de hospital, las transfusiones de sangre urgían cada vez más, fue un momento desesperante, pero Uyuni no aflojó, convirtió sus colegios, sus teatros, su regimiento, sus salones, sus clubes sociales y dónde podía albergar a heridos en micro hospitales de campaña.

Se debe multiplicar por miles los soldados atendidos, sanados, refugiados y muchos desde allá retornaban ya cuasi recuperados nuevamente a la línea de batalla.

Así fue la historia de Uyuni entre 1932 y 1935, una historia pocas veces contada y menos reconocida.

En honor a este infatigable amor a la Patria, Uyuni recibió la denominación «Hija Predilecta de Bolivia», mediante un decreto supremo firmado por el presidente Hernán Siles Zuazo el 7 de Julio de 1983. … En 1989, el presidente Víctor Paz Estenssoro nombró a Uyuni ‘Ciudad Benemérita’, también en reconocimiento por esta noble labor.

El gran héroe anónimo de esta página histórica sin duda alguna fue el pueblo, gente humilde que tuvo que saltar obstáculos y vencer retos como colocar inyecciones, suturar, curar heridas, en fin aprender a salvar vidas de sus hermanos bolivianos.

¡Viva UYUNI por siempre!.

Flamantes camiones Chevrolet en la estación de Uyuni, dispuestos para ser trasladados a las operaciones en la Guerra del Chaco (c1933)
(Foto Miguel Irigoyen)

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