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¡Ay señor, estos carnavales…!

¡Ay señor, estos carnavales…!

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Autor: Demetrio Reynolds

Cuando todavía era víspera de Carnaval, este motivo parecía estar ya pegado a la punta de la pluma. No había otro tema de mayor interés para la gente. Por tanto, tampoco para el escribidor como el suscrito. 

Don Humberto Vacaflor, el valiente periodista que supo indignarse y le dijo la zamba canuta a Morales («los periodistas son sucios»), opinó la mañana del viernes 20 en «El Panamericano» que el Carnaval es «el acontecimiento más serio al que nos dedicamos los bolivianos». No es una exageración; dijo la pura verdad. 

La historia nos recuerda que justamente por Carnaval el presidente Hilarión Daza habría ocultado la invasión de Antofagasta por el ejército chileno un 14 de febrero de 1879; aunque muchos afirman que no es cierto, y que por eso lo asesinaron en Uyuni, cuando venía a decir su verdad respecto a esa grave acusación. 

Sea de ello lo que fuere, la cuestión es que no hay nada como el Carnaval para distender un poco la vida y tomar las cosas con mejor talante; reemplazar el rostro adusto y de poco amigos con el de la jovialidad comprensiva. Ninguna fecha es más propicia para llevar a la práctica aquello de «a mal tiempo buena cara», otros incluso no la ponen sólo buena sino alegre. ¡Mejor todavía! 

La fecha en la que se celebra la festividad del dios Momo marca en el calendario un antes y un después. Es un referente ineludible. Desde la semana precedente, con «comadres» de por medio, ya nadie toma con mucha seriedad las cosas. Y todo lo pendiente, así sea de urgencia, se traslada a la semana que sigue. «Carnaval pasark»oita», dicen los campesinos.

El Congreso Nacional no pudo ser una excepción, allí ya ni querían levantar la mano; igual que otros que no son «honorables», ellos también como mostraron las cámarasse entregaron de lleno a la bacanal carnavalera, con frenético entusiasmo en honor al dios del vino…«Porque es carnaval, todo se soporta; aunque nos critiquen,poco nos importa.» 

Al son de la música, entre mixturas y serpentinas pasan muchas aguas por debajo de ese puente, y no son de las muy claras que digamos. Las pasiones desinhibidas encuentran su momento para desbordarse un poco por alguna válvula; a veces para apostar en una carta hasta lo que más se atesora; hay amores que se juntan y amores que se quebrantan. El amor que anda de estreno, jubiloso se entrega a su hechizo, aunque después le siembre de espinas el corazón; hay quienes descubren con deliquio, bajo la tentación de Luzbel, la intensa sensación del placer; amistades nuevas que se anudan y otras que sin querer se malogran; en fin, de todo hay en Carnaval. 

Y después todavía se canta: «¡Carnaval caraspa, dicen que te vas; por qué no te quedas, cinco días más!».

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