¡Uyuni, el centro del mundo!

Autor: Renán D Cabrera

Hoy en la mañana me levante directo a ver un álbum de fotografías; que me hablaban con sus imágenes de Uyuni. Mi novia al enterarse la noticia me prohibió tajantemente tocar el tema de Uyuni; porque sabe que me pongo muy melancólico, pero no la hice caso por ser 11 de julio, fecha en la cual no acepto imposiciones de nadie y menos de una extranjera.

Amigos de mi eternizada metrópoli de Uyuni, después de estar siete años lejos de la ambicionada tierra; hoy me puse apesadumbrado y quise cavilar y recordar un momento de las generaciones y generaciones de los uyunenses.

Creo que un uyunense no puede relegar los momentos sublimes que vivió en Uyuni, en especial de su niñez y su juventud. Momentos tan insignificantes hacen que hayan sido “pomposos momentos”, como haber dado un paseo con la prendida enamorada, en una suave noche, ¡claro, no muy de noche! Porque los progenitores siempre están al acecho del cortejo; pero talvez más insignificantes como tomar un vaso de leche viendo “él Chavo del 8” (aún mi emisión televisiva favorita), o hacer las interminables obligaciones del colegio o la escuela, escuchando música o alguna emisión radiofónica exitosa romántica de la noche, como de la ex radio Concordia 104.5 o la inmortal Mediterraneo 102.7 f.m. o la actual Predilecta 90.5, o más antes de los 90s, 80s, la radio el Condor, o la Juan XXIII. ¡En fin!

Recuerdos inmortales de lo que fue la escuela, el colegio, los amigos, alguna ex conquista, los afamados carnavales, incluso las televisoras y radiodifusoras. A propósito de televisoras, aún no puedo olvidar la armonía de piano que escuchaba a sus inicios de emisión del canal 9 hace muchos años y la alegría de niño cuando vi llegar el canal 13.

También los vendavales hercúleos, el despiadado invierno. Los divinos años nuevos, las navidades que me dejaron perseverando la espera de Papa Noel (talvez por Uyuni nunca ha venido), Los Onces de julios, desfiles. Como olvidar el acompañante eterno del péndulo publico, las calles, las pampas uyunenses, los crepúsculos, las alboradas, y las bellas noches que uno podía regocijarse viendo las estrellas, sosegadamente con la corteja o el cortejo. ¡En fin…! toda la evocación nostálgica que uno edifica con el tiempo en la hermosa ciudad de Uyuni.
También recuerdo los días que pase en los micrófonos de las radios emisoras de BBC DE Uyuni, o el periódico Uyuni Times, también la CNN versión Uyuni en la New Uyuni City.

Pensaba que él acontecimiento de pasar la puericia, pubescencia, adolescencia, y parte de la juventud en un establecido lugar hacen que sea “el centro del mundo”… porque para el uyunense, “Uyuni es el centro del mundo”. Puede parecer algo jocoso y alunado pero innegable. Vivir en Uyuni suficiente tiempo da ciertamente, ¡experiencia única! al ciudadano usual y normal, o como lograríamos explicar que el Uyunense se pasa departiendo toda su existencia de Uyuni.

A propósito del amor, persistentemente me preguntaba ¿será las pampas o los veteranos trenes…? Que dan a Uyuni un aire de romanticismo, talvez el sol del verano, que lo deja a uno como si fuera Mozambique.

Recuerdo a las parejas célebres de cada año, eternamente dando sus rotacioncitas en la Plaza, o en la avenida Potosí u otras calles, manifestando su amor ante todos, cada año había una pareja que se situaba de moda, al mismo tiempo todos hablaban de ellos.
También recuerdo que los jóvenes “Él o ella” se ponían de Moda por tan solo caminar por la calle, especie de modelo uyunense, (él o la) que gustaba a todos, era el litúrgico ritual de siempre, y tan pronto como se ponían de moda; se pasaban de moda… porque los que estaban puberitos o puberitas crecían; y usurpaban el lugar para ser nuevos modelos. Y me acuerdo que la última vez que pase por la plaza de Uyuni alguien me dijo ¡que haces aquí, si tu ya pasaste de moda!.

Nuevamente digo, que vivir en Uyuni ciertamente puede acrecentar a uno en sus experiencias, ¡Olvidar Uyuni desde la distancia no es posible…!
Inclusive con sus inéditos ajetreos de la vida hay un momento para deliberar sobre el ayer. Y hay un momento donde tienes que reconocer a tus amigos, amigas, distinguidos, inclusive a prójimos que no te codeaste; porque tan solo los contemplaste y fueron por un momento parte de tu vida. ¡Gracias ciudad de Uyuni! Por todo…

Al menos así siento hoy…

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