Añoranzas: Los pueblos  que no quieren conocer su historia, no merecen existir
Foto: Uyuni en los años 60
Autor: Rómulo Elío Calvo Orozco
Fecha: 9 de octubre de 2017

 

 

“Los pueblos  que no quieren conocer su historia, no merecen existir”

 

Los hechos acaecidos en tiempos pasados marcan la historia de los pueblos y al   recordar las gestas  históricas que jalonaron la vida uyunense no es echar sombras a lo que sucede actualmente, solo  es  añorar para que la colectividad  sepa lo que fue  su tierra  en otros tiempos.

 

Uyuni nació como pueblo ferroviario. La corriente migratoria nacional y extranjera, aportó  positivamente a su desarrollo y progreso con gente imbuida de mucho entusiasmo para colaborar en todas  sus actividades. Fue centro  ferroviario por excelencia. La  maestranza era una de las tres más grandes de Sudamérica. Los carrilanos  marcaba el paso del acontecer  uyunense hasta que declinó  con la nacionalización de los ferrocarriles  provocando el éxodo de muchos de sus habitantes.

 

 

La  particularidad  de los uyunenses era su hospitalidad, sentimientos de amistad y sinceridad con las que recibían  a los que llegaban a su terruño,  se caracterizaban  por su gentileza y cortesía, saludaban afectuosamente a propios y extraños como si fueran antiguos conocidos. La falta de esos atributos  en  sus   habitantes   en  la actualidad  supone  que  la ciudad benemérita  ha perdido su identidad.

 

Las actividades deportivas, sociales y culturales eran cultivadas con esmero. Los equipos de basquetball y futbol honraron a la Hija Predilecta de Bolivia. Campeonatos nacionales de Basquetball se efectuaban en su modesta  cancha porque los directivos de la Federación Boliviana  confiaban en el éxito de los certámenes por la masiva asistencia de los aficionados, lo que no ocurría en otras regiones.

 

Las tendencias artísticas  y culturales estuvieron ligadas a  los clubes deportivos, como el Bolivia Railway S.C., Royal S,C., Bolívar y otros que no descuidaban la formación didáctica de sus asociados. Presentaban veladas literario musicales como prácticas estéticas, doy fe de ese periodo porque  participé   de  las inquietudes de una juventud pletórica de entusiasmo.

 

 

Las familias  ferroviarias   constituían  un fuerte contingente social, festejaban matrimonios, cumpleaños, bautizos, etc.  El intercambio  hogareño  era permanente. Después de cumplir su horario los trabajadores, sin  discriminación concurrían a sus clubes para departir amigablemente y practicar diferentes juegos de salón  ajedrez, ping pong, billar, billas. Había  agasajos con diferentes motivos. Fueron tradicionales los festejos de la Virgen de Fátima.

 

Estuve en  Uyuni  en el mes de julio, encontré una ciudad  diferente a la de mis tiempos, ha progresado y crecido mucho, especialmente en el campo urbanístico, pero he podido ver que  han perdido vigor las  instituciones sociales y deportivas  que eran el orgullo de esa linda tierra, otras han desaparecido como los clubes  Rotary  y Leones. Ya no se practican  deportes, como  tenis, golf  y ajedrez, las instalaciones del stadium  de futbol están en ruinas.        

 

El progreso determina el cambio de la vida de los pueblos. El  turismo y el comercio   son parte de la actividad de los habitantes de la Hija Predilecta de Bolivia. Pero no podemos dejar de recordar nuestros tiempos. Antiguos uyunenses que viven  aún en  la ciudad  benemérita deben sentirse extraños  en su propia tierra.

 

Me alegro  por el desarrollo que ha alcanzado  Uyuni  y deseo lo mejor para su futuro.

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