Uyuni: nuestro recordado cine teatro Ferroviario

Autor: Felipe Ramirez

Qué uyunense de las décadas del 60 y 70 no recuerda nostálgicamente nuestro cine teatro Ferroviario, que, construido con los aportes de los trabajadores del ferrocarril, pasó a ser uno de las salas cinematográficas más icónicas del país; al poseer una infraestructura digna de una gran ciudad: su pantalla panorámica, sus cortinas corredizas automáticas, unas cómodas butacas de color guindo, sus confiterías y el equipo de proyección de la mejor calidad, sumadas a la comodidad de sus camerinos e infraestructura para el teatro. Todo esto hacía que todos nosotros nos hincháramos el pecho de orgullo al compararla con las mejores salas de La Paz, Cochabamba, Sucre, Oruro y otras ciudades de Bolivia.

Pero lo que más nos marcó fue este cine como parte fundamental de nuestra niñez y adolescencia, cuántos muchachos eran tan impactados por la trama de películas como Espartaco, Los Diez Mandamientos, Maciste, etc., para que después de acabada la película, formen grupos de niños en sus barrios para escenificar estas películas en la calle, construyendo sus espadas de palos de escoba y sus escudos de cartón o luego de los films mexicanos; cuántos otros no se disputaban para ser el Jovencito de la película y no uno de los bandidos, para con sus pistolas de juguete o cortadas de tablas de madera ser los  que peleaban en el lejano oeste, todo con el afán de quedarse con la muchacha más linda. Era tal el realismo que expresaban en la actuación de las películas, que incluso llegaban a tener pequeños accidentes por un palazo mal dado o porque, al escapar con las manos amarradas de los bandidos, el jovencito tropezaba y caía golpeándose la cara.

En la adolescencia las cosas cambiaban, ya que los niños se convertían en jóvenes ávidos de vivir nuevas experiencias siendo la principal su primer amor. Conseguirlo no era tan simple, más bien era una misión casi imposible, la poca cantidad de habitantes hacía difícil el tratar de ocultar una cita con el futuro enamorado o la enamorada, ya que siempre existían los ojos vigilantes que impedían guardar el secreto y la noticia llegaba velozmente a oídos de los padres, quienes, en la mayoría de los casos no aceptaban esta inocente relación.

 

Sin embargo, todo cambió con la llegada de las matinés de los domingos en el cine, las mismas que eran funciones que comenzaban a las tres de la tarde y a las que, por lo temprano de la hora, la mayoría de los papás permitían que sus hijos asistan a las mismas, así que en una mezcla con niños y niñas , jóvenes y señoritas buscaban las butacas más discretas posibles para concretar citas  con la enamorada o el enamorado, esperando que se apaguen las luces para tomarse de la mano o, por fin, darse un tierno beso, para que  luego de terminada la película, volver a casa y esperar el próximo domingo  para un nuevo encuentro.

Otro de los imborrables recuerdos de nuestro Cine Teatro Ferroviario son las funciones teatrales que se ponían en escena, ya que junto a notables compañías de teatro de las ciudades del interior e inclusive exterior del país, eran imperdibles los actos escénicos que se llevaban a cabo como festejo de aniversarios patrios u ocasiones especiales como las coronaciones por el día de la primavera.  Estas presentaciones tenían como nombre Veladas Musicales, donde en una amalgama de presentaciones musicales y obras teatrales, los alumnos de las distintas unidades educativas se esmeraban por realizar la mejor presentación, confeccionando vestuarios, pintando escenarios y fabricando toda la mampostería para el éxito de la Velada Musical. Al ser una sola función, la numerosa concurrencia de los padres de familia y pueblo en general hacia que se voltee taquilla.

Los tiempos de cambio hacen que en la actualidad, este histórico edificio se halle olvidado en su mantenimiento y sin prestar el servicio a la cultura de nuestra querida tierra, sin embargo como no recordar en este aniversario de la Hija Predilecta de Bolivia a nuestro querido Cine Teatro Ferroviario.