El proletariado uyunense que conocí
Foto: El proletariado del auge ferroviario en Uyuni
Autor: Rómulo Elío Calvo Orozco
Fecha: 31 de julio de 2017

 

 

El artículo   publicado por la Sra.  Lupe Cajías, titulado Adiós proletario ilustrado, en el que manifiesta que actualmente basta escuchar a un dirigente para comprender su poca lectura, su escaso conocimiento, su sumisión, me ha  recordado  la conducta de los trabajadores ferroviarios de Uyuni.

 

 

Llegue a Uyuni el año 1947,  debido a la prematura muerte de mi papá. Abandoné  mis estudios universitarios  para trabajar y   sostener a mi familia, mi mamá y mi hermanito de 4  años. Me encontré en  una ciudad cuyos  pobladores demostraban hospitalidad, sentimiento de amistad y sinceridad. Su educación era  carta de presentación porque saludaban a propios y extraños. Recibí muestras de cordialidad y buenos ejemplos que me ayudaron a formar mi personalidad.

 

 

La vivencia de los trabajadores ferroviarios estaba enmarcada en la disciplina, cumplimiento y respeto mutuo, la hora inglesa  al minuto tenía plena vigencia en todas las actividades.

 

 

La confraternidad era  una de sus costumbres. En  los hogares  a los que me invitaban observaba que tenían uno o más estantes con libros, lo que demostraba la inquietud intelectual de los dueños de casa y sus familiares. A este logro contribuyó el Sr. Agustin Miguez con su librería que ofrecía libros de la editorial Claridad (temas sociales, culturales y políticos) editoriales Tor y Sopena  (obras famosas) y la editorial Hobby (temas manuales).

 

 

 El Sindicato Ferroviario de Uyuni tenía su  biblioteca  bien dotada, una excelente enciclopedia en esos tiempos  era El Tesoro de la Juventud, que don Bernardino Heredia encargado de la biblioteca me permitía llevar a mi domicilio para leerla  con más comodidad.

 

Fotografía del libro de Uyuni, más allá del tiempo

 

 

Algunos trabajadores ferroviarios y otras personas particulares se dedicaban al teatro agrupados en el Centro Cultural Obrero Quijarro, con obras de  Belisario Roldan, cuyos temas se acomodaban más al medio.

 

 

Los trabajadores ferroviarios de la Maestranza y otras reparticiones, que eran más de 1200  y  a los que cariñosamente los denominaban   tisnados o koskosos porque sus overoles estaban impregnados de aceite, cuando salían de su trabajo se aseaban y luego  vestían de terno, incluida corbata para concurrir a sus  locales  para recrearse  practicando   billar, ping pong, ajedrez, culminando  con el infaltable cacho que en Uyuni se llamaba  Tachin, una por una consecuencias todas.

 

 

 Existía mucha actividad social, se festejaban  aniversarios de los clubes con grandes fiestas, amenizadas por orquestas  contratadas en La Paz. La Alcaldía  Municipal celebraba los aniversarios local y patrio con fiestas de gala. Los invitados asistían con traje formal y las esposas con traje largo. Como consecuencia de su condición de autodidactas eran cultos y educados. Las  maestras  normalistas que llegaban a Uyuni,  para  hacer su año de provincia, contraían matrimonios  con ferroviarios que eran siempre buenos partidos.

 

 

Aprendí mucho de las instituciones a las que me incorporaban, especialmente la puntualidad, respeto mutuo y disciplina que  cumplían  de acuerdo a Estatutos y Reglamento Interno, preparados  bajo la orientación  inglesa. Esa educación  me sirvió mucho en  mis actividades cuando salí de Uyuni, porque  en todas las localidades a las que llegué apreciaban  las cualidades   que adquirí  en la Hija Predilecta de Bolivia.

 

 Eran otros tiempos cuando los proletarios leían para instruirse, culturizarse y educarse.

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