Las Calderas del Diablo en Uyuni

Autor: Víctor Chungara / Libro Tradiciones y Leyendas de Uyuni

 

 

En invierno, son tan frías las noches de Uyuni donde las temperaturas usualmente alcanzan los 10°  bajo cero, cuesta imaginar cómo se desarrollan las actividades que requieren salir a la calle.

 

Antiguamente y hasta hace dos décadas, cerca de la puerta de ingreso a la estación de ferrocarriles se instalaban vendedoras, en plena calle sin otro cobijo que el calor que salía de pequeñas braseros a veces cubiertos por latas, donde preparaban café y mayormente té con té, además de otras bebidas que permitan combatir ese intenso frío que calaba hasta el alma.

 

Bajo la eterna amenaza de irse al infierno, tras una no tan santa vida, uno se imagina que deberá soportar eternos fuegos como castigo al atrevimiento de vivir.

 

Entonces al comparar ese frío polar con ese vivificante calor de un té con té, mientras más fuerte mejor, es que los estantes de Uyuni llamaron CALDERAS DEL DIABLO a esos salvadores puestos de fuego.

 

Todo viajero que debía tomar el tren en altas horas de la madrugada, cuando el frío se ensaña sobre el triste mortal que se atreve a salir a las calles, quedaba la garantía de que al aproximarse a la estación estaban las CALDERAS DEL DIABLO que permitían un salvador calor exterior e interior.

 

Subsiste la leyenda de que en todo invierno en Uyuni debe haber siempre un borrachito congelado, que pasa a mejor vida al menos saboreando una última alegría, precisamente LAS CALDERAS DEL DIABLO, podían ser el pasaporte a la vida o la muerte.

 

A la vida, si saboreando en forma medida, lograba calentarse un poco, lo suficiente para llegar a casa.

 

A la muerte si exageraba y luego se quedaba en la calle.

 

Quien llegaba a Uyuni por tren y en horas de la madrugada debía pasar obligadamente por LAS CALDERAS DEL DIABLO, porque el brusco recibimiento del frío uyunense exigía un calentamiento.

 

Sin embargo, LAS CALDERAS DEL DIABLO cobraban fama porque todo noctámbulo, sea del retorno de un trabajo especial o de una cita clandestina, llegaba a ese lugar demostrando su desprecio por ese frío que no lograba frenar su actividad.

 

Posteriormente no faltó un avezado que inauguró un local con el nombre de LAS CALDERAS DEL DIABLO, convirtiéndolo en lugar de moda de entonces, más aún cuando trajo chilenas para su atención.